El día que todo empezó 

Era un sábado cualquiera del verano de 2012, estaba paseando con mi novia de aquel entonces, nos dirigimos al paseo marítimo de la Misericordia para echar la tarde del sábado por alto. 

Mientras nos acercabamos al paseo empezamos a ver más gente de lo habitual, nos pareció raro, parecían amontonados en un lugar como si estuvieran viendo algo acontecer, así que mi parte cotilla no pudo más y nos acercamos a ver qué pasaba. 

Nos fijamos en algo que nos llamó la atención: un aparcamiento de bicicletas numeradas.

—Qué raro, ¿esto qué es?

De repente empezaron a salir personas del agua. Llevaban gorro, neopreno y gafas de natación. Corrían por la arena en dirección a las bicicletas.

Mientras se acercaban, se iban quitando el neopreno como podían. El primero que llegó dejó todo en una caja junto a su bicicleta, se puso el casco y salió disparado paseo marítimo arriba.

Los demás hicieron exactamente lo mismo.

Después de presenciar este evento (transición) empezamos a ver carteles publicitarios sobre el Triatlón por toda la zona, era el primero que veía .. y me estaba encantando. Tras unas vueltas en bicicleta a toda velocidad por el circuito del paseo marítimo se empezaron a bajar de las bicicletas en marcha para dejarlas en el mismo sitio de donde la cogieron, calzarse con unas zapatillas de correr  y… ¡hala! unas vueltecitas más a pie …

Me pareció algo épico, algo increíble y muy difícil de hacer. Miré a mi novia y le dije: ¡¡ en cuanto lleguemos a casa busco por internet y me apunto al primero que haya!!.

Ella me dijo: ¡vale!  ¿pero te has fijado en la forma física que está esta gente ? – Sí y ese es uno de los motivos. 

Para nada pensé que ese día acabaría con una inscripción deportiva y con una obsesión, hacer mi primer triatlón. 

No sabía dónde me metía.

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